MelliGel Espirulina
La espirulina (Arthrospira platensis) no es una planta ni un alga en el sentido botánico estricto: es una cianobacteria de agua dulce que la humanidad lleva consumiendo desde los mexicas: la cosechaban del lago de Texcoco y la llamaban tecuitlatl. La ciencia contemporánea la clasifica hoy como uno de los alimentos más densos en nutrientes del planeta. Para el atleta, esa densidad se traduce en beneficios muy concretos, y para la mujer atleta en particular, algunos que ninguna otra fuente vegetal iguala con la misma eficiencia.
Proteína completa altamente digerible: La espirulina contiene entre 60% y 70% de proteína por peso seco, una cifra que ningún alimento convencional se acerca, e incluye los nueve aminoácidos esenciales en proporciones que se aproximan al patrón de referencia de la FAO (Karkos et al., 2011). Para atletas con dietas basadas en plantas, o para quien quiere sumar proteína limpia sin volumen digestivo, esa densidad es difícil de replicar.
Hierro biodisponible, y esto pesa especialmente para la mujer atleta: La deficiencia de hierro afecta entre 15% y 35% de las mujeres deportistas de resistencia, y compromete directamente el transporte de oxígeno, la eficiencia mitocondrial y el tiempo hasta la fatiga (Sim et al., 2019). La espirulina aporta hierro en una forma biodisponible que estudios comparativos han mostrado mejor absorción relativa que fuentes vegetales convencionales como espinaca o legumbres (Puyfoulhoux et al., 2001). No sustituye a la sangre en un contexto de anemia clínica, pero sí ayuda a mantener niveles óptimos en fases de alta carga menstrual y entrenamiento intenso.
Mejora en el rendimiento de resistencia y en la respuesta al estrés oxidativo del ejercicio: El estudio de referencia aquí es Kalafati et al. (2010): atletas moderadamente entrenados que suplementaron con 6 g diarios de espirulina durante 4 semanas mostraron un aumento del 26% en el tiempo hasta el agotamiento en una prueba en cinta, aumento significativo en la oxidación de grasa durante ejercicio, y reducción marcada en marcadores de daño oxidativo post-ejercicio (malondialdehído). Kalpana et al. (2017) y Sandhu et al. (2010) reportaron efectos similares en poblaciones distintas. El mecanismo propuesto: la C-ficocianina, el pigmento azul característico de la espirulina, es un antioxidante potente que neutraliza radicales libres generados por el ejercicio y protege el músculo del daño oxidativo (Wu et al., 2016).
Respuesta al lactato y la recuperación. El ejercicio intenso genera acumulación de lactato y de marcadores de daño muscular (creatina quinasa, lactato deshidrogenasa) que dictan cuánto tarda el cuerpo en volver a estar listo. Lu, Hsieh, Liu, Yang y Chien (2006) mostraron que la suplementación con espirulina atenuó la elevación post-ejercicio de estos marcadores, lo que se traduce en menos daño acumulado sesión tras sesión: el factor que finalmente determina si puedes sostener un bloque de entrenamiento sin romperte.
¿Cuándo tomarla?
La espirulina es un suplemento crónico, no agudo. Su efecto se acumula: los estudios que reportan beneficios reales usaron entre 4 y 8 semanas de suplementación continua a dosis de 4 a 6 g diarios. Tomarla una vez antes de una carrera no hace nada; tomarla todos los días durante un bloque de entrenamiento sí cambia la trayectoria. Se recomienda tomarla en el desayuno o con el primer alimento del día, para aprovechar la sinergia con la vitamina C: que potencia la absorción del hierro. Se recomienda especialmente durante fases de alto volumen de entrenamiento, periodos menstruales de mayor pérdida hemática, o transiciones dietéticas hacia menos carne animal. Evítala en la ventana inmediata post-esfuerzo si no la habías estado tomando, el sistema digestivo bajo estrés no la procesa bien la primera vez.
Fuentes:
- Kalafati, M., Jamurtas, A. Z., Nikolaidis, M. G., Paschalis, V., Theodorou, A. A., Sakellariou, G. K., Koutedakis, Y., & Kouretas, D. (2010). Ergogenic and antioxidant effects of spirulina supplementation in humans. Medicine & Science in Sports & Exercise, 42(1), 142–151. https://doi.org/10.1249/MSS.0b013e3181ac7a45
- Kalpana, K., Kusuma, D. L., Lal, P. R., & Khanna, G. L. (2017). Impact of spirulina on exercise induced oxidative stress and post exercise recovery heart rate of athletes in comparison to a commercial antioxidant. Food and Nutrition Journal, 2(1), 132. https://doi.org/10.29011/2575-7091.100032
- Karkos, P. D., Leong, S. C., Karkos, C. D., Sivaji, N., & Assimakopoulos, D. A. (2011). Spirulina in clinical practice: Evidence-based human applications. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine, 2011, 531053. https://doi.org/10.1093/ecam/nen058
- Lu, H.-K., Hsieh, C.-C., Hsu, J.-J., Yang, Y.-K., & Chou, H.-N. (2006). Preventive effects of spirulina platensis on skeletal muscle damage under exercise-induced oxidative stress. European Journal of Applied Physiology, 98(2), 220–226. https://doi.org/10.1007/s00421-006-0263-0
- Puyfoulhoux, G., Rouanet, J. M., Besançon, P., Baroux, B., Baccou, J. C., & Caporiccio, B. (2001). Iron availability from iron-fortified spirulina by an in vitro digestion/Caco-2 cell culture model. Journal of Agricultural and Food Chemistry, 49(3), 1625–1629. https://doi.org/10.1021/jf001193c
- Sandhu, J. S., Dheera, B., & Shweta, S. (2010). Efficacy of spirulina supplementation on isometric strength and isometric endurance of quadriceps in trained and untrained individuals: A comparative study. Ibnosina Journal of Medicine and Biomedical Sciences, 2(2), 79–86. https://doi.org/10.4103/1947-489X.210984
- Sim, M., Garvican-Lewis, L. A., Cox, G. R., Govus, A., McKay, A. K. A., Stellingwerff, T., & Peeling, P. (2019). Iron considerations for the athlete: A narrative review. European Journal of Applied Physiology, 119(7), 1463–1478. https://doi.org/10.1007/s00421-019-04157-y
- Wu, Q., Liu, L., Miron, A., Klímová, B., Wan, D., & Kuča, K. (2016). The antioxidant, immunomodulatory, and anti-inflammatory activities of Spirulina: An overview. Archives of Toxicology, 90(8), 1817–1840. https://doi.org/10.1007/s00204-016-1744-5
